La tempestad
La tempestad ALONSO.— Me impaciento por escuchar la historia de vuestra vida, que resonará maravillosamente en mis oÃdos.
PRÓSPERO.— Os lo relataré todo. Y os prometo una mar tranquila, vientos favorables y velas tan rápidas, que pronto habréis rebasado a vuestra real flota… (Aparte a ARIEL.) Mi Ariel, mi polluelo, éste es tu servicio. ¡Inmediatamente recobra en los elementos tu libertad, y adiós!… Acercaos, si os place. (Salen.)