La tempestad
La tempestad Entra de nuevo ARIEL, invisible, tocando y cantando. FERNANDO le sigue
ROMANCE DE ARIEL
Venid a estas arenas amarillas
y cogeos las manos;
después de los saludos y los besos
a las salvajes ondas,
danzad alegremente aquà y allá.
Dulces genios, llevad el estribillo,
escuchad, escuchad.
ESTRIBILLO
[Entre bastidores.] ¡Guau!… Uau… [como un eco],
ladran los perros guardianes.
[Entre bastidores.] ¡Guau!… Uau… [como un eco],
¡Escuchad, escuchad! Oigo
el canto del audaz Chantecler:
[Grito.] ¡Ki-ki-ri-kÃ!…
FERNANDO.— ¿De dónde viene esta música? ¿Del aire, o de la tierra? No se oye ya…, y a buen seguro se dirige a alguna divinidad de la isla. Sentado en la playa, llorando el naufragio del rey mi padre, se deslizó junto a mà esta música sobre las aguas, aplacando su furia y mi dolor con su dulce melodÃa. La he seguido hasta aquà —o más bien me ha atraÃdo ella—; pero ha cesado… No, comienza de nuevo.