La tempestad
La tempestad ARIEL canta
Tu padre yace enterrado bajo cinco brazas de agua;
se ha hecho coral con sus huesos;
los que eran ojos son perlas.
Nada de él se ha dispersado;
sino que todo ha sufrido la transformación del mar
en algo rico y extraño.
Las ondinas, cada hora, hacen sonar su campana.
ESTRIBILLO
[Entre bastidores.] ¡Ding-dong!…
¡Escuchad, ahora la oigo!…
¡Ding-dong!… ¡Dan![5]
FERNANDO.— ¡Ese coro me recuerda a mi padre ahogado! Esto no es una cosa humana, ni el son pertenece a la tierra… Ahora lo siento por encima de mí.
PRÓSPERO.— Levanta las cortinas franjeadas de tus ojos, y dime qué ves a lo lejos.
MIRANDA.— ¿Qué es? ¿Un espíritu? ¡Señor, cómo mira! Creedme, señor, tiene una arrogante presencia… Pero es un espíritu.