La tempestad

La tempestad

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

ESCENA II

Otra parte de la Isla

Entra CALIBÁN, con una carga de leña.— Óyese ruido de truenos

CALIBÁN.— ¡Que todos los miasmas que absorbe el sol de los pantanos, barrancos y aguas estancadas caigan sobre Próspero y le hagan morir a pedazos! Sus genios me oyen, y, no obstante, no puedo menos de maldecirle. Pero si él no lo ordena, se guardarán de pellizcarme, de espantarme con visajes de erizo, de hundirme en el lodo, o, semejantes a hachones de fuego en la noche, extraviarme en mi camino. Sin embargo, no pierden ocasión de divertirse a mi costa. Unas veces parecen monos que me hacen muecas, aúllan tras mí y luego me muerden; otras, como puercoespines, se revuelcan sobre el sendero que siguen mis pies desnudos y enderezan sus puntas bajo mis pasos; frecuentemente me veo todo enroscado de culebras, que con sus lenguas partidas silban hasta volverme loco. (Entra TRÍNCULO.) ¡Vedlo ahora! ¡Mirad! He aquí uno de sus espíritus, que viene a atormentarme porque soy demasiado lento en llevar la leña. Voy a tenderme boca abajo. Quizá no me descubra.


Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker