La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III GLOUCESTER: ¿De veras? Pues si place a vuestra señoría, Brakenbury, podéis escuchar cuanto decimos. ¡No concertamos traición alguna, hombre!… Decimos que el rey es prudente y virtuoso, y su noble reina, algo entrada en años bella y nada celosa… ¡Decimos que la mujer de Shore posee un pie bonito, labios de cereza, ojos encantadores y una voz sumamente agradable, y que los parientes de la reina son unos perfectos hidalgos! ¿Qué decís, señor mío? ¿Podéis negar todo esto?
BRAKENBURY: Nada tengo que ver con eso, milord.
GLOUCESTER: ¿Nada que ver con mistress Shore? Te aseguro, camarada, que el que tenga algo que ver con ella, exceptuando uno, hará mejor en realizarlo secretamente, a solas.
BRAKENBURY: ¿Quién es ese uno, milord?
GLOUCESTER: ¡Su marido, imbécil!… ¿Me descubrirás?
BRAKENBURY: Suplico a Vuestra Gracia me perdone y acabe a la par su coloquio con el noble duque.
CLARENCE: Sabemos cuál es tu deber Brakenbury, y te obedecemos.