La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III BUCKINGHAM: Precisamente lo que desea el Dios que vela por nosotros y todos los dignos habitantes de esta isla sin gobierno.
GLOUCESTER: Sospecho si habré cometido alguna falta responsable a los ojos de la ciudad, y que vengáis a reprenderme mi ignorancia.
BUCKINGHAM: Efectivamente, milord. ¡Ojalá que pudiera Vuestra Gracia enmendar esa falta al conversar con nosotros!
GLOUCESTER: ¿Cómo podría vivir de otro modo, en un país cristiano?