La tragedia de Ricardo III

La tragedia de Ricardo III

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BUCKINGHAM: Sentiría que mi noble primo sospechara de mis buenos designios para con él. ¡Por el Cielo, que venimos a él con las mejores intenciones! ¡Así, vuelve todavía y asegúraselo a Su Gracia!

Sale CATESBY.

Cuando estos hombres piadosos y santos se entregan a las cuentas de su rosario, es difícil distraerlos de ellas. ¡Tan dulce es su éxtasis contemplativo!

Entra GLOUCESTER en la galería superior, entre dos Obispos.

Vuelve CATESBY.

CORREGIDOR: ¡Mirad! ¡He aquí a Su Gracia que llega entre dos clérigos!

BUCKINGHAM: ¡Dos sostenes de virtud para un príncipe cristiano, que le impiden caer en la vanidad! ¡Y vedlo con su libro de oraciones en la mano! ¡Verdaderos ornamentos para conocer a un santo! ¡Ilustre Plantagenet, el más generoso de los príncipes, presta favorable atención a nuestros requerimientos, y perdónanos que interrumpamos tu devoción y admirable celo cristiano!

GLOUCESTER: Milord, no son necesarias semejantes apologías. Suplico a Vuestra Gracia se sirva perdonarme si mi ardor por el servicio de mi Dios me hace olvidar la visita de mis amigos. Pero dejemos esto. ¿Qué desea Vuestra Gracia?


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