La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III BUCKINGHAM: Volved, buen Catesby, al gracioso duque, y decidle que yo, el lord corregidor, y los regidores, hemos venido a celebrar una conferencia con Su Gracia sobre cosas importantes, sobre graves asuntos relacionados con el bien general.
CATESBY: Le informaré inmediatamente. (Sale CATESBY).
BUCKINGHAM: ¡Ah, ah, milord! ¡Este príncipe no es un Eduardo! ¡No se revuelca en el blando sofá, sino que dobla sus rodillas en la meditación! ¡No se distrae con un par de cortesanos, sino que discurre con dos profundos teólogos! ¡No duerme para engordar su perezoso cuerpo sino que ora para enriquecer su alma vigilante! ¡Dichosa Inglaterra si este virtuoso príncipe quisiera tomar en Su Gracia la soberanía de ella! Pero seguramente temo que no consienta en ello.
CORREGIDOR: ¡Por vida!… ¡Haga Dios que Su Gracia no nos diga que no!
BUCKINGHAM: ¡Temo que no quiera! Aquí está otra vez Catesby… (Vuelve a entrar CATESBY). Bien, Catesby, ¿qué dice Su Gracia?
CATESBY: No concibe con qué fin reunís grupos de ciudadanos para venir en su busca sin haberle prevenido. ¡Teme, milord, que abriguéis malos deseos contra él!