La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III BUCKINGHAM: El lord corregidor está aquÃ. Aparentad algún recelo. No habéis sino ante una solicitud de alta importancia; y mostraos buen milord, con un libro de oraciones en la mano, y entre dos eclesiásticos, pues yo glosaré el texto con un sagrado contrapunto; y no cedáis fácilmente a nuestras solicitaciones. Representad el papel de doncella contestando siempre no y aceptando.
GLOUCESTER: Hecho; y si argumentáis tan bien como pienso fingir mi negativa, no hay duda de que llevaremos a feliz término el asunto.
BUCKINGHAM: ¡Idos, idos al terrado[82]! ¡El lord corregidor llama!
Sale GLOUCESTER y entran el LORD CORREGIDOR, Regidores y Ciudadanos.
¡Bien venido, milord! Me parece que he metido la pata. Creo que el duque no va a consentir en recibirnos.
Entra CATESBY por la parte del castillo.
¡Hola Catesby! ¿Qué contesta nuestro señor a mi requerimiento?
CATESBY: Suplica a Vuestra Gracia, noble milord, que vaya a visitarle mañana o pasado. Se ha encerrado con dos reverendos padres, absorto en meditaciones divinas, y dice que ningún asunto terrenal le distraiga de sus piadosos ejercicios.