La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III BUCKINGHAM: Milord, reclamo la recompensa que me habéis prometido, por la cual empeñasteis vuestro honor y vuestra palabra: el condado de Hereford y los bienes muebles de que me prometisteis que sería poseedor.
Rey Ricardo: Stanley, vigilad a vuestra esposa. Si se comunica con Richmond, me respondéis de ello.
BUCKINGHAM: ¿Qué responde Vuestra Alteza a mi justo requerimiento?
REY RICARDO: Me acuerdo… Enrique sexto profetizó que Richmond sería rey cuando Richmond no era todavía sino un rapazuelo. ¿Rey?… Puede ser…
BUCKINGHAM: Milord…
REY RICARDO: ¿Cómo se explica que en aquella época no me dijera el profeta, estando yo presente, que le mataría yo?
BUCKINGHAM: Milord, vuestra promesa relativa al condado…
REY RICARDO: ¡Richmond! Cuando estuve la última vez en Exeter, el corregidor tuvo la cortesía de mostrarme el castillo, y lo llamó Rouge-Mont[97], a cuyo nombre me estremecí, a causa de que un bardo de Irlanda me dijo una vez que no viviría mucho tiempo después de haber visto a Richmond.
BUCKINGHAM: Milord…
REY RICARDO: Sí. ¿Qué hora es?
BUCKINGHAM: Me tomo la libertad de recordar a Vuestra Gracia lo que me ha prometido.