La tragedia de Ricardo III

La tragedia de Ricardo III

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REY RICARDO: ¡Bravo Tyrrell! ¿Soy dichoso con tus noticias?

TYRRELL: Si la ejecución del acto que me habéis confiado debe hacer vuestra felicidad, sed dichoso, pues está consumado.

REY RICARDO: Pero ¿los has visto muertos?

TYRRELL: Los he visto, milord.

REY RICARDO: ¿Y enterrados, amable Tyrrell?

TYRRELL: El capellán de la Torre les ha dado sepultura. Ahora, en dónde, a decir verdad, no lo sé.

REY RICARDO: Ven a verme en seguida. Tyrrell, después de cenar, para que me cuentes las circunstancias de su muerte. Entre tanto, no te ocupes más que de buscar en tu pensamiento cómo puedo premiarte y satisfacer tus deseos. Adiós, hasta entonces.

TYRRELL: Humildemente me despido.

Sale.

REY RICARDO: He encerrado bien al hijo de Clarence; he casado a su hija de mala manera[102]; los hijos de Eduardo descansan en el seno de Abrahán, y Ana, mi esposa, ha dado ya las buenas noches a este mundo[103]. Ahora, sabiendo que Richmond el de Bretaña tiene ciertas miras sobre la joven Isabel, hija de mi hermano, y que a favor de este enlace forma proyectos ambiciosos sobre la corona, voy a buscarla y hacerle la corte, como galante y favorecido enamorado.

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