La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III DUQUESA: ¡No! ¡Por la Santa Cruz! ¡Lo sabes bien! ¡Tú has venido a la tierra para hacer de ella mi infierno! ¡Tu nacimiento ha sido para mà una carga abrumadora! ¡Irritable y colérica fue tu infancia; tus dÃas escolares, terribles, desesperados, salvajes y furiosos! ¡Tu adolescencia, temeraria, irrespetuosa y aventurera; tu edad madura, orgullosa, sutil, falsa y sanguinaria; más dulce cuanto más dañina; cariñosa cuando odiaba! ¿Qué confortable hora puedes nombrarme que haya gozado jamás en tu compañÃa?
REY RICARDO: ¡Ninguna, a fe mÃa, a no ser la hora de Humphrey[107], que llamaba a Vuestra Gracia a almorzar lejos de mi compañÃa! Si soy mortificante a vuestros ojos, dejadme marchar y no os ofendáis, señora… ¡Batid tambores!
DUQUESA: ¡Óyeme, por favor!
REY RICARDO: ¡Habláis con demasiada acritud!
DUQUESA: ¡Óyeme una palabra, porque jamás volveré a hablarte!
REY RICARDO: ¡Sea!