La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III REY RICARDO: ¡Tocad marcha, trompetas! ¡Batid los parches, tambores! ¡Que no oiga el Cielo estas triquiñuelas de mujeres que insultan al ungido del Señor! ¡Redoblad, digo! (Clarines y tambores, alarmas). ¡Calma y habladme con mesura, o ahogaré vuestras exclamaciones entre estos clamores de guerra!
DUQUESA: ¿Eres tú mi hijo?
REY RICARDO: ¡SÃ, gracias a Dios, a mi padre y a vos!
DUQUESA: Entonces escucha pacientemente lo que dicte mi impaciencia.
REY RICARDO: Señora, tengo un carácter de la condición del vuestro, que no puede soportar el acento de los reproches.
DUQUESA: ¡Oh! ¡Dejadme hablar!
REY RICARDO: Hablad, pues; pero no os escucharé.
DUQUESA: Será dulce y moderada en mis palabras.
REY RICARDO: ¡Y breve, querida madre, pues tengo prisa!
DUQUESA: ¿Tanta prisa tienes? ¡Yo te he esperado, bien lo sabe Dios, entre tormentos y agonÃas!
REY RICARDO: ¿Y acaso no he venido al mundo para reconfortaros?