La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III DUQUESA: Si es asÃ, no encadenéis entonces vuestra lengua, Venid conmigo, y en la amargura que respiren nuestras palabras ahoguemos a mi condenado hijo, que ha ahogado a tus dos tiernos hijos. (Clarines dentro). ¡Toques de clarÃn!… ¡Seamos abundantes en exclamaciones!
Entran, marchando, el REY RICARDO y su séquito.
REY RICARDO: ¿Quién me cierra el paso en mi marcha guerrera?
DUQUESA: ¡Oh! ¡La que debiera habértelo cerrado, estrujándote en su vientre maldito, por todos los crÃmenes que has cometido, miserable!
REINA ISABEL: ¿Te atreves a cubrir con una corona de oro esa frente en donde, si la justicia fuera justicia, deberÃa escribirse con un hierro enrojecido el asesinato del prÃncipe dueño de esa corona y la muerte feroz de mis pobres hijos y hermanos? Dime, miserable criminal: ¿dónde están mis niños?
DUQUESA: ¡Sapo, sapo! ¿Dónde está tu hermano Clarence? ¿Y el pequeño Eduardito Plantagenet, su hijo?
REINA ISABEL: ¿Dónde los nobles Rivers, Vaughan y Grey?
DUQUESA: ¿Dónde el caballeroso Hastings?