La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III REINA ISABEL: ¡Oh tú, tan hábil en maldiciones! Aguarda un momento y enséñame a maldecir a mis enemigos.
REINA MARGARITA: Deja transcurrir las noches sin sueño y ayuna durante el dÃa. Compara tu extinta grandeza con tus vivas desgracias. ImagÃnate a tus hijos más bellos de lo que eran, y al que los ha matado, más horrible de lo que es. Ampliando tus pérdidas, harás más odioso al que las ha causado. ¡Revuelve todo eso, y aprenderás a maldecir!
REINA ISABEL: Mis palabras son débiles. ¡Oh! ¡Préstales energÃa con las tuyas!
REINA MARGARITA: Tus desgracias las aguzarán, haciéndolas penetrantes como las mÃas.
Sale la REINA MARGARITA.
DUQUESA: ¿Por qué habÃan de ser las calamidades tan pródigas en palabras?
REINA ISABEL: ¡Locuaces abogados de las desgracias de sus clientes, vanos herederos de alegrÃas ab intestato, pobres oradores exhalando miserias! ¡Dejadlas en libertad! ¡Aunque no puedan darnos otro consuelo, todavÃa alivian al corazón!