La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III REINA MARGARITA: ¡Y te llamé entonces vano alarde de mi esplendor; te llamé entonces pobre sombra, esbozo de reina; pura representación de lo que yo habÃa sido; programa adulador de un espectáculo lamentable; mujer elevada al pináculo para caer en tierra precipitadamente; madre, solamente para la mofa, de dos hermosos niños, sueño de lo que querÃa ser; brillante enseña, expuesta a ser blanco de los más peligrosos ataques; una ficción de dignidad, un soplo, una burbuja, una reina de teatro, nacida sólo para la escena! ¿Dónde está tu esposo ahora? ¿Dónde tus hermanos? ¿Dónde tus hijos? ¿Dónde tu alegrÃa? ¿Quién te saluda, se arrodilla y dice: «Dios salve a mi reina»? ¿Dónde los curvados pares que te adulaban? ¿Dónde el gentÃo que en el tropel te seguÃa? ¡Repasa todo esto, y ve cómo eres ahora! En vez de una esposa dichosa, una viuda desdichada; en vez de una madre satisfecha, una madre que deplora el nombre; en vez de una a quien se suplica, una humilde suplicante; en vez de una reina, una verdadera cautiva, coronada de amarguras; en vez de la que me despreciaba, la que ahora desprecio; en vez de la que atemorizaba a todos, la que al presente se atemoriza de uno; en vez de la que mandaba a todos, la que ninguno obedece. Asà la rueda de la Justicia ha hecho su revolución y te ha dejado presa del tiempo, sin otro bien que el recuerdo de lo que has sido, para torturarte en demasÃa siendo lo que eres. Tú usurpaste mi sitio, ¿y no habÃas de usurpar la justa proporción de mi dolor? ¡Ahora tus orgullosos hombros soportan la mitad de mi yugo, y sustrayendo a él mi cabeza, fatigada de llevarlo, arrojo el peso entero sobre ti! ¡Adiós, esposa de York y reina de tristes infortunios! Estas desdichas de Inglaterra me harán sonreÃr en Francia.