La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III REINA ISABEL: ¡Adula mi dolor con su recuerdo! Dime: ¿qué estado, qué dignidad, qué honor puedes tú conceder a ninguna de mis hijas?
REY RICARDO: Todos los que poseo, todos, incluyo yo mismo, los quiero ofrecer en dote a una de tus hijas. Así, anega en el Leteo de tu irritado corazón el triste recuerdo de los males que supones te he causado.
REINA ISABEL: Sé breve, antes que el proceso de tu bondad se prolongue más que la duración de ella.
REY RICARDO: Sabe, pues, que amo a tu hija con un afecto fuera de mí.
REINA ISABEL: La madre de mi hija cree que la amas con un afecto fuera de ti.
REY RICARDO: ¿Qué creéis?
REINA ISABEL: Que amas a mi hija fuera de tu afecto. Así, con un afecto fuera de ti, amaste a sus hermanos; y con un afecto fuera de mí, te lo agradezco.
REY RICARDO: No seáis tan propicia a confundir mis términos. Digo que amo a vuestra hija con un afecto fuera de toda medida, y que intento hacerla reina de Inglaterra.
REINA ISABEL: Bien; y dime: ¿a quién te propones darle por rey?
REY RICARDO: ¡Al que la hará reina! ¿A quién otro iba a ser?
REINA ISABEL: ¡Cómo! ¿Tú?
REY RICARDO: ¡Yo propio! ¿Qué os parece?