La tragedia de Ricardo III

La tragedia de Ricardo III

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REY RICARDO: Sí, si el recuerdo de vos misma os hace daño a vos misma.

REINA ISABEL: ¡Pero has asesinado a mis hijos!

REY RICARDO: Mas los sepultaré en el seno de vuestra hija, en cuyo nido perfumado renacerán por sí mismos para vuestro consuelo.

REINA ISABEL: ¿Haré someter a mi hija a tu voluntad?

REY RICARDO: ¡Y os convertiréis por ese medio en madre dichosa!

REINA ISABEL: Iré… Escribidme pronto y conoceréis por mí sus sentimientos.

REY RICARDO: ¡Llevadle el beso de mi sincero amor! (La besa). ¡Y con esto, adiós! (Sale la REINA ISABEL). ¡Frágil mujer al fin, sin seso, imbécil y pronta a perdonar! (Entra RATCLIFF, CATESBY le sigue). ¡Hola! ¿Qué noticias hay?

RATCLIFF: Poderoso señor, sobre la costa oeste avanza una flota formidable. A sus riberas acude una masa de amigos dudosos, de corazón disimulado, sin armas y no resueltos a impedir el desembarco. Se cree que Richmond es el almirante de ella, y que se mantiene al ancla, en espera de que Buckingham les preste ayuda viniendo de la orilla.

REY RICARDO: ¡Que un amigo ligero de piernas corra en busca del duque de Norfolk! Ratcliff, tú mismo…, o Catesby. ¿Dónde está?


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