La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III REY RICARDO: Si no es para venir a ser vuestro soberano, ¿no adivináis a qué viene el galés[108]? ¡Temo que te rebeles y te pases a él!
STANLEY: ¡Buen lord, no desconfiéis de mÃ!
REY RICARDO: ¿Dónde están, entonces, tus fuerzas para rechazarle? ¿Dónde tus vasallos y tus soldados? ¿No están ya sobre la costa occidental para secundar el desembarco de los rebeldes?
STANLEY: No, buen lord; mis amigos están en el Norte.
REY RICARDO: ¡FrÃos amigos para mÃ! ¿Qué hacen en el Norte, cuando debÃan estar sirviendo a su soberano en el Oeste?
STANLEY: No les ha sido ordenado, poderoso rey. Si Vuestra Majestad quiere autorizarme, puedo reunir a mis amigos e incorporarme a Vuestra Gracia donde y en el tiempo que elija Vuestra Majestad.
REY RICARDO: ¡SÃ; tú quisieras marchar a unirte con Richmond; pero no me fiaré de ti!
STANLEY: ¡Poderoso soberano, no tenéis motivos para dudar de mi adhesión! ¡Nunca fui ni nunca seré traidor!
REY RICARDO: Id, pues, y reunid vuestros hombres. Pero dejadme en rehenes a vuestro hijo George Stanley[109]. ¡Mirad que me seáis fiel, o, de lo contrario, la cabeza de vuestro hijo no estará segura!