La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III Salisbury. Una plaza pública.
Entran el SHERIFF y la guardia, con BUCKINGHAM, conduciéndole al cadalso.
BUCKINGHAM: ¿No permitirá el rey Ricardo: que hable con él?
SHERIFF: ¡No, buen milord! ¡Resignaos, por tanto!
BUCKINGHAM: ¡Hastings y vosotros, hijos de Eduardo; Grey y Rivers, santo rey Enrique, y; Eduardo, su amable hijo; Vaughan y todos los; que habéis desaparecido bajo la mano, corrompida de la injusticia solapada! Si, vuestras almas ofendidas y dolientes contemplan, a través de las nubes, el espectáculo de esta hora fatal, para venganza vuestra, mofaos de mi destrucción. ¿No es hoy el día de todas las Ánimas, compañeros?
SHERIFF: Lo es, milord.
