La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III BUCKINGHAM: ¡Pues, entonces, el día de todas las Ánimas es el día del juicio de mi cuerpo! ¡Este es el día que, en tiempos de Eduardo, deseé que me fuera funesto si hacía traición a sus hijos o a los allegados a su esposa! ¡Este es el día que juré morir víctima de la perfidia del hombre en quien hubiera depositado la mayor confianza! ¡Este; este es el día de todas las Ánimas, para espanto de mi ánima; es el término asignado a mis maldades! ¡Ese Dios Todopoderoso, de quien yo me burlaba, ha hecho recaer sobre mi cabeza el efecto de mi hipócrita súplica, y me concede de veras lo que pedí en broma! ¡Así obliga a las espaldas de los malvados a volver sus puntas afiladas contra los pechos de sus poseedores! ¡Así cae con todo su peso sobre mi frente la maldición de Margarita! ¡Cuando destroce de dolor tu corazón —me dijo—, acuérdate de que Margarita fue una profetisa!… ¡Vamos, oficiales, conducidme al infamante tajo! ¡El crimen es castigado por el crimen, y la infamia, juzgada por la infamia!
Salen BUCKINGHAM, etcétera.