La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III Entra GLOUCESTER.
GLOUCESTER: ¡Deteneos los que lleváis el cadáver y dejadlo en tierra!…
ANA: ¿Qué negro nigromante ha evocado a este demonio para impedir las obras piadosas de caridad?
GLOUCESTER: ¡Villanos, a tierra el cadáver, o, por San Pablo, que haré otro tal del que desobedezca!
PRIMER CABALLERO: ¡Milord, apartaos y dejad pasar el féretro!
GLOUCESTER: ¡Perro descortés, detente cuando yo lo mande! ¡Quita tu alabarda de encima de mi pecho, o, por San Pablo, caerás a mis pies y te pisotearé por tu atrevimiento, mendigo!(Los conductores colocan el féretro en la tierra).
ANA: ¡Cómo! ¡Tembláis! ¿Tenéis todos miedo? ¡Ay! ¡No os culpo, pues sois mortales y los ojos mortales no pueden resistir la mirada del demonio! ¡Atrás, repugnante ministro del infierno! ¡Tú no tenÃas poder sino sobre su cuerpo mortal, no sobre su alma! ¡Aléjate, por tanto!
GLOUCESTER: ¡Dulce santa, por caridad, no estéis tan malhumorada!