La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III GLOUCESTER: ¡TodavÃa es más asombroso ver ángeles tan coléricos! Permitid, divina perfección de mujer, que me justifique en esta ocasión de tantos supuestos crÃmenes.
ANA: ¡Permite, monstruo infecto de hombre, que te maldiga en esta ocasión por tantos crÃmenes comprobados!
GLOUCESTER: ¡Mujer bellÃsima, cuya hermosura no es posible expresar, concédeme pacientemente algunos instantes para expresarme!
ANA: ¡Infame asesino, cuyo odio no puede concebirse, para ti no hay otra excusa sino que te ahorques!
GLOUCESTER: ¡Por semejante desesperación me acusarÃa!
ANA: ¡Y por la desesperación podrÃas excusarte haciendo contigo mismo una justa venganza de la injusta carnicerÃa que has hecho en los demás!
GLOUCESTER: ¿Y si yo no los hubiera matado?
ANA: ¡Entonces no habrÃan muerto; pero lo están por ti, diabólico miserable!
GLOUCESTER: Yo no he asesinado a vuestro marido.
ANA: Pues qué, ¿vive entonces?
GLOUCESTER: ¡No, ha muerto, y lo ha sido a manos de Eduardo!