La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III ANA: ¡Mientes por tu infame boca! ¡La reina Margarita ha visto tu corva espada asesina, humeante de sangre, que ya dirigías contra ella misma, de no haber desviado tus hermanos la punta!
GLOUCESTER: ¡Fui provocado por su lengua calumniadora, que cargaba los crímenes de ellos sobre mis hombros inocentes!
ANA: ¡Lo fuiste por tu alma sanguinaria, que nunca ha soñado más que en sangre y carnicería! Conque ¿no mataste al rey?
GLOUCESTER: Os lo concedo.
ANA: ¿Me lo concedes, puercoespín? ¡Entonces, que Dios te conceda también que seas condenado por esta acción maldita! ¡Oh! Era gentil, dulce y virtuoso.
GLOUCESTER: ¡El elegido para el Rey del cielo que lo conserve!
ANA: ¡Está en el cielo adonde tú no iras nunca!
GLOUCESTER: ¡Que me agradezca, pues, el haberle enviado! ¡Había nacido para esa mansión más que para la tierra!
ANA: ¡Y tú no has nacido para otra sino para el infierno!
GLOUCESTER: O para un lugar bien distinto, si queréis que os lo diga.
ANA: ¡Algún calabozo!
GLOUCESTER: Para el lecho de vuestra alcoba.