La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III ANA: ¡Que el insomnio habite la alcoba donde reposes!
GLOUCESTER: Asà será, señora, hasta que repose con vos.
ANA: Lo creo.
GLOUCESTER: Y yo lo tengo por seguro… Pero, gentil lady Ana, acabemos este agudo asalto de nuestras inteligencias y discutamos de una manera más reposada. El causante de la prematura muerte de esos Plantagenets, Enrique y Eduardo, ¿no es tan censurable como su ejecutor?
ANA: Tú has sido la causa y el efecto maldito.
GLOUCESTER: ¡Vuestra belleza fue la causa y el efecto! ¡Vuestra belleza que me incitó en el sueño a emprender la destrucción del género humano con tal de poder vivir una hora en vuestro seno encantador!
ANA: ¡Si creyera eso, homicida, te juro que estas uñas desgarrarÃan la belleza de mi mejillas!
GLOUCESTER: ¡Jamás soportarÃan mis ojos ese atentado a la hermosura! ¡No la ultrajéis mientras yo esté presente! ¡Me ilumina, como el sol ilumina el mundo entero, mi vida!
ANA: ¡Que una negra noche entenebrezca tu dÃa, y la muerte tu vida!
GLOUCESTER: ¡No blasfemes contra ti misma, bella criatura! ¡Tú eres mi dÃa y mi vida!
ANA: ¡Quisiera serlo para vengarme de ti!