La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III REINA MARGARITA: ¡Silencio, incipiente marqués; sois un petulante! ¡Vuestra nobleza de nuevo cuño es una moneda que apenas corre! ¡Oh, que vuestro reciente blasón pueda conocer lo que es perderlo y acabar en la miseria! Los que habitan en las cumbres se ven agitados por muchas ráfagas de viento, y si caen, se rompen en mil pedazos.
GLOUCESTER: ¡Buen consejo, a fe mÃa; aprendedlo, aprendedlo, marqués!
DORSET: ¡A vos os concierne, milord, tanto como a mÃ!
GLOUCESTER: ¡SÃ, y mucho más; pero yo nacà demasiado alto!… ¡Nuestro nido construido en la cima de un cerro, juega con los vientos y se burla del sol!
REINA MARGARITA: ¡Y lo convierte en sombras!… ¡Ay! ¡Ay! ¡Testigo, mi hijo, ahora sumido en la sombra de la muerte, cuyos rayos resplandecientes se plegaron en las tinieblas eternas por tu nebulosa malignidad! ¡Vuestro nido aéreo se construyó en el sitio del aire que ocupaba el nuestro! ¡Oh Dios, que ves esto, no lo consientas! ¡Cómo se adquirió con sangre, se pierda con sangre!
BUCKINGHAM: ¡Silencio, silencio, por vergüenza, ya que no por caridad!