La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III REINA MARGARITA: ¡Cómo! ¿Te burlas de mis buenos consejos y halagas al demonio, de quien te quiero preservar? ¡Oh! ¡Ya te acordarás de este dÃa cuando destroce tu gran corazón con algún pesar, y dirás: La pobre Margarita fue una profetisa!… ¡Vivid cada uno de vosotros esclavo de su odio, él del vuestro, y todos, como sois, del de Dios!…
Sale.
HASTINGS: ¡Se me erizan los cabellos al escuchar sus maldiciones!
RIVERS: ¡Y a mi también! ¡Me maravilla que se la deje en libertad!
GLOUCESTER: ¡Por la Santa Madre de Dios, no puedo censurarla! ¡Ha sufrido demasiados ultrajes, y lamento la parte que he tenido en ello!
REINA ISABEL: Que yo sepa, nunca le hice ningún daño.
GLOUCESTER: ¡Sin embargo, disfrutáis todo el provecho de su infortunio! ¡Yo he mostrado demasiado ardor por el bien de alguien que ahora muestra demasiado frialdad en recordarlo! ¡Por mi fe! ¡Como Clarence! ¡Bien se le recompensa! ¡A cambio de sus servicios, engorda en una pocilga! ¡Dios perdone a los culpables!
RIVERS: Conclusión virtuosa y cristiana es rogar por los que nos hacen mal.