La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III CLARENCE: ¡No, no; en mi sueño se prolongaba más allá de la vida! ¡Oh! ¡Entonces comenzó la tempestad de mi alma! Me parecía que, conducido por el tétrico barquero de que nos hablan los poetas, atravesaba la melancólica laguna para entrar en el reino de la noche eterna. El primero que allí encontró mi extraño espíritu fue a mi excelso suegro, el renombrado Warwick, que gritaba…: ¿Qué castigo, por perjuro, reservará esta tenebrosa monarquía para el pérfido Clarence? Y dicho esto, se desvaneció. Entonces vi venir errante una sombra, parecida a un ángel[44], con su brillante cabellera salpicada de sangre, y exclamó en agudos gritos…: ¡Ha llegado Clarence…, el traidor, inconstante y perjuro Clarence; el que me apuñaló en los campos de Tewksbury!… ¡Apoderaos de él, Furias, y aplicadle vuestros tormentos!… A todo esto, me parecía que una horrible legión de demonios me rodeaba, lanzando en mis oídos gritos tan espantosos, que a su estrépito me desperté temblando, y en un largo rato no pude persuadirme sino que estaba en el infierno. ¡Tan terrible impresión me había causado la pesadilla!
CARCELERO: No me extraña, lord, que os espantase. ¡Dijera que me estremezco de oírosla contar!