La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III ASESINO PRIMERO: El amor por tu hermano, nuestro deber y tus crÃmenes nos incitan aquà a degollarte.
CLARENCE: Si amáis a mi hermano, no me odiéis a mÃ. ¡Soy su hermano y le quiero bien! Si estáis pagados para esta acción, volved en seguida y buscad a mi hermano Gloucester, quien os recompensará mejor por haberme dejado vivir, que Eduardo remuneraros por mi muerte.
ASESINO SEGUNDO: Estáis equivocado. ¡Vuestro hermano Gloucester os odia!
CLARENCE: ¡Oh, no! Me ama y le soy querido. ¡Id de mi parte a verle!
LOS DOS ASESINOS: ¡Sà que iremos!
CLARENCE: Decidle que cuando nuestro noble padre York bendijo a sus tres hijos con su brazo victorioso y nos encargó desde el fondo de su alma que nos amásemos mutuamente, no pudo imaginarse esta discordia en nuestra fraternidad. ¡Decid a Gloucester que medite en esto, y llorará!
ASESINO PRIMERO: ¡SÃ, piedras de molino, como nos enseñó que vertiésemos nosotros!
CLARENCE: ¡Oh, no le calumniéis! Es benéfico.
ASESINO PRIMERO: ¡SÃ, como la nieve sobre la cosecha! ¡Vamos, estáis engañado! ¡Él es quien nos envÃa a mataros aquÃ!