La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III REY EDUARDO: ¿Quién no sabe que ha muerto? ¿Quién sabe que lo sea?
REINA ISABEL: ¡Cielos poderosos! ¿Qué mundo es este?
BUCKINGHAM: Lord Dorset, ¿estoy tan pálido, como los demás?
DORSET: ¡SÃ, mi querido milord! ¡Y ninguno hay presente cuyas rojas mejillas no hayan perdido su color!
REY EDUARDO: ¿Que ha muerto Clarence? ¡Pues si la orden fue revocada!
GLOUCESTER: Pero él, infeliz, murió por vuestra primera orden[51], que debió de llevar un alado Mercurio. La contraorden se confió, sin duda, a un mensajero lisiado, que llegó a tiempo de verle enterrar. ¡Quiera Dios que alguno menos noble y leal, más cercano en pensamientos sanguinarios que en sangre, y aún no exento de sospechas, no tenga peor fin que el desgraciado Clarence!
Entra STANLEY.
STANLEY: ¡Una gracia, mi soberano, por todos mis servicios!
REY EDUARDO: ¡Silencio, te ruego! ¡Mi alma está llena de dolor!
STANLEY: ¡No me levantaré sin que Vuestra Majestad me oiga!
REY EDUARDO: Entonces di pronto lo que deseas.