La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III Londres. El palacio.
Entra la DUQUESA de YORK con el HIJO[52] y la HIJA de CLARENCE.
HIJO: Querida abuela, decidnos: ¿ha muerto nuestro padre?
DUQUESA: No, hijo mÃo.
HIJA: Pues por qué lloráis tan a menudo y os golpeáis el pecho, exclamando: ¡Oh Clarence, mi infortunado hijo!
HIJO: ¿Por qué nos miráis y movéis la cabeza, llamándonos huérfanos, desgraciados y abandonados, si vive nuestro noble padre?
DUQUESA: Ambos os engañáis, preciosos nietos. Lloro por la enfermedad del rey, como quien teme perderlo, y no por la muerte de vuestro padre. SerÃa un dolor perdido llorar por uno a quien se ha perdido.
HIJO: Entonces, abuela, convenÃs en que ha muerto. El rey, mi tÃo, es el culpable de esta acción. Dios la vengará, a quien importunaré con mis plegarias, que se encaminarán todas a ese objeto.
HIJA: Y yo también.
DUQUESA: ¡Silencio, niños, silencio! El rey os quiere bien. ¡Inexpertos, infelices e inocentes, no podéis adivinar quién ha causado la muerte de vuestro padre!
