La tragedia de Ricardo III

La tragedia de Ricardo III

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HIJO: Podemos, abuela, pues mi buen tío Gloucester me ha dicho que el rey, inducido por la reina, había fraguado cargos para encarcelarle. Y cuando me decía esto, lloraba, me consolaba y besaba cariñosamente mis mejillas, aconsejándome que fiara en él como en mi padre, y que me amaría tan tiernamente como a un hijo.

DUQUESA: ¡Ah! ¡Que la perfidia adopte formas dulces, y que el inmundo vicio se oculte bajo la máscara de la virtud! ¡Es mi hijo, sí, y como tal me avergüenza; pero en mis pechos no amamantó esa perfidia!

HIJO: ¿Pensáis, abuela, que mi tío me engañó?

DUQUESA: ¡Sí, hijo mío!

HIJO: Yo no puedo pensarlo. ¡Escuchad! ¿Qué ruido es ese?

Entra la REINA ISABEL, con aspecto extraviado, suelta su cabellera sobre los hombros, y seguida de RIVERS y DORSET.

REINA ISABEL: ¡Ah!… ¿Quién me podrá impedir que gima y llore? ¿Quién deplorar mi suerte y atormentarme? ¡Quiero juntar mi negra desesperación contra mi alma y convertirme en mi propia enemiga!

DUQUESA: ¿Qué significa esta escena de furiosos transportes?


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