La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III BUCKINGHAM: Bien; dejemos eso. Acércate, Catesby. Te has comprometido tan seriamente a ejecutar lo que intentamos como a guardar secretamente nuestros planes. Conoces nuestras urgentes razones, expuestas mientras caminábamos. ¿Qué opinas? ¿No sería empresa fácil hacer entrar en nuestro proyecto a lord William Hastings, para el instalamiento de este noble duque en el trono real de esta famosa isla?
CATESBY: Ama tanto al príncipe, en recuerdo de su padre, que no intentará nada contra él.
BUCKINGHAM: Y Stanley, ¿qué te parece, rehusará?
CATESBY: Stanley procederá en todo como procede Hastings.
BUCKINGHAM: Bien; entonces atengámonos a esto: vas tú, amable Catesby, y, como si se tratara de una cosa sin importancia, sondeas a lord Hastings para saber con qué ojos miraría nuestro proyecto, e invítale a que vaya mañana a la Torre para asistir a la coronación. Si lo hallas propicio a tratar con nosotros, anímale y dile nuestras razones; si, por el contrario, adopta una actitud fría, de plomo, de hielo, mal dispuesto, sé así tú también, corta la conversación y ven a instruirnos de sus tendencias. Para mañana reunimos dos consejos separados, donde te reservaremos los más altos cargos.