Las alegres comadres de Windsor
Las alegres comadres de Windsor Cuarto en casa de Ford
Entran FALSTAFF y la Sra. FORD
FALSTAFF.—Señora Ford, vuestro pesar ha hecho desaparecer mi resentimiento. Veo que sois consecuente en vuestro amor, y me precio de cumplido en corresponder hasta la más mÃnima fineza. Y esto, señora, no sólo en cuanto al amor mismo, sino también en todos los accesorios, complementos y ceremonias que lo acompañan. ¿Pero estáis ahora segura de vuestro marido?
Sra. FORD.—Ha salido a cazar, amable sir Juan.
Sra. PAGE.—(Adentro.) ¡Ea! ¡Hola! Señora Ford. ¿Me oÃs?
Sra. FORD.—Entrad a esa cámara, sir Juan.
Sale FALSTAFF.—Entra la Sra. Page
Sra. PAGE.—¿Cómo estáis, querida mÃa? ¿Hay alguien con vos en la casa?
Sra. FORD.—¿Quién podrÃa haber? Nadie sino las gentes de mi servicio.
Sra. PAGE.—¿De veras?
Sra. FORD.—Nadie, por cierto. (Aparte.) Hablad más alto.
Sra. PAGE.—No sabéis cuánto me alegro de que estéis sola.
Sra. FORD.—¿Por qué?
