Las alegres comadres de Windsor
Las alegres comadres de Windsor Otra parte del Parque
Entra FALSTAFF disfrazado y con una cabeza postiza de gamo
FALSTAFF.—La campana de Windsor ha sonado las doce; y ahora, que me asistan los dioses de sangre ardorosa. Acuérdate, Júpiter, de que por tu Europa fuiste toro: llevabas el amor en tus cuernos. ¡Oh poderoso amor! ¡Que bajo ciertos aspectos haces de la bestia un ser humano, y bajo otros haces del hombre una bestia! También ¡oh Júpiter! por amor a Leda fuiste cisne. ¡Oh amor omnipotente! ¡Qué cerca pusiste al dios de parecer un ganso! Primero, una falta cometida bajo la forma de una bestia; falta bestial; ¡oh Júpiter! Y en seguida otra falta bajo la apariencia de una ave; falta volante. Cuando los dioses hacen tales faltas, ¿qué haremos los pobres hombres? Por mi parte, soy ahora un ciervo de Windsor, el más gordo de los del bosque, según creo. EnvÃame ¡oh Júpiter! un buen tiempo de brama. Pero ¿quién viene? ¿Es acaso mi cierva?
Entran la Sra. Ford y la Sra. Page
Sra. FORD.—¿Estás aquÃ, sir Juan, gamo, gamo mÃo?
FALSTAFF.—¿Es mi cierva de pequeña cola negra? Que lluevan patatas; que los truenos canten la tonada de «las mangas verdes», que caigan por granizo confites azucarados: que haya una borrasca de todas las tentaciones; yo me refugiaré siempre aquÃ. (La abraza.)
