Las alegres comadres de Windsor
Las alegres comadres de Windsor Cuarto en la posada de la Liga
Entran FALSTAFF, el POSADERO, BARDOLFO, NYM, PISTOL y ROBIN
FALSTAFF.—¡Posadero mio de la Liga!
POSADERO.—¿Qué dice mi enredista matasiete? Hablad con discreción y finura.
FALSTAFF.—En verdad, posadero mÃo, que tengo que despedir a algunos de mis secuaces.
POSADERO.—Despedidles, mi valeroso Hércules: echadles; que tomen el portante. Al trote, al trote.
FALSTAFF.—Me cuesta el albergue diez libras por semana.
POSADERO.—Eres un emperador, César, Czar y cavilante. Tomaré a Bardolfo. Escanciará los barriles y manejará sus grifos. ¿Está bien dicho, bravo Héctor?
FALSTAFF.—Hacedlo en buen hora, amigo posadero.
POSADERO.—Está dicho. Que me siga. Quiero ver la espuma y la cal. No tengo más que una palabra. SÃgueme.
FALSTAFF.—Bardolfo, ve con él. Es buen oficio el de mozo de taberna. Una capa vieja hace un nuevo coleto, y un criado gastado hace un nuevo mozo de taberna. Vete. Adiós.
BARDOLFO.—Es un género de vida que deseaba, y he de prosperar en él.
PISTOL.—¡Oh miserable bohemio! ¿Y quieres manejar las espitas?
