Las alegres comadres de Windsor

Las alegres comadres de Windsor

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Sale Bardolfo

NYM.—En borrachera fue engendrado. ¿No es natural su gusto? No tiene una mente heroica, y de allí el que tenga aquel instinto.

FALSTAFF.—Me alegro de haberme desembarazado de tal caja de yesca. Sus robos eran demasiado descarados. Su manera de hurtar se parece al canto de un mal aficionado: no guarda tiempo ni compás.

Nym. —Lo exquisito es robar en un solo minuto de descanso.

PISTOL.—Sutileza, que no robo, es el nombre que dan a esto las gentes sensatas. ¡Robo! Mala peste cargue con la palabra.

FALSTAFF.—Bien, señores, pero estoy ya en el último apuro. Es necesario que me ingenie, que aguce el magín para encontrar medios. Tiene que ser.

PISTOL.—Los buitres jóvenes necesitan alimento.

FALSTAFF.—¿Quién de vosotros conoce a Ford, de esta ciudad?

PISTOL.—Conozco al individuo. No es de mala sustancia.

FALSTAFF.—Honrados muchachos míos, voy a deciros lo que tengo en perspectiva.

PISTOL.—Las dos yardas o más que tenéis de circunferencia.


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