Las alegres comadres de Windsor
Las alegres comadres de Windsor 
¿Qué acto inmeditado ha podido sorprender en mi conversación y trato, este flamenco borracho, que asà se atreve a emprender conmigo? ¡Pues si apenas ha estado tres veces en mi sociedad! ¿Qué decirle? Entonces me contenÃa para no reÃrme, ¡Dios me perdone! Presentaré una moción, para que llevada al Parlamento sirva de freno a los hombres. ¿Cómo haré para vengarme? Porque de vengarme tengo, tan cierto como que él tiene de budÃn las entrañas.
Entra la Sra. Ford.
Sra. FORD.—¡Señora Page! Creedme que iba a vuestra casa.
Sra. PAGE.—Y yo os aseguro que me dirigÃa a la vuestra. Tenéis el aire de estar sufriendo mucho.
Sra. FORD.—No por cierto, no lo creeré nunca. Tengo algo que mostrar en prueba de lo contrario.
Sra. PAGE.—Pues a fe mÃa, que para mi modo de ver parecéis muy enferma.
Sra. FORD.—Bueno: que sea como decÃs. Pero dije que puedo mostrar algo para probar lo contrario. ¡Oh señora Page; aconsejadme!
Sra. PAGE.—¿De qué se trata, mujer?
Sra. FORD.—¡Oh mujer! ¡A qué alto honor podrÃa yo llegar, si no fuera por un frÃvolo escrúpulo de respeto!