Las alegres comadres de Windsor
Las alegres comadres de Windsor FALSTAFF.—Adiós. Hazme presente a las dos señoras. He aquà mi bolsa, y todavÃa me reconozco por deudor tuyo. Muchacho, ve con esta mujer. ¡Esta noticia me tiene aturdido!
Salen la señora Aprisa y Robin
PISTOL.—Esta galera vieja es uno de los mensajeros de Cupido. ¡Forcemos velas, démosle caza, vamos al abordaje, hagamos fuego y será mÃa la presa, o que el Océano nos trague a todos!
Sale Pistol
FALSTAFF.—¿Con que esas tenemos, mi viejo Falstaff? Sigue adelante, que todavÃa sacaré de tu viejo cuerpo más que en los tiempos pasados. ¿TodavÃa te persiguen ellas? Y después de tanto dinero perdido, ¿vas a entrar ahora en ganancias? Gracias, cuerpo mÃo. Que digan enhorabuena que ha sido hecho groseramente. Con tal de que se gane bastante, ¿qué importa?
Entra Bardolfo
BARDOLFO.—Señor Juan, hay abajo un señor Brook que desea hablaros y entrar en relación con vos, y ha enviado para vuestra señorÃa una bota de jerez seco.
FALSTAFF.—¿Dices que se llama Brook?
BARDOLFO.—SÃ, señor.
FALSTAFF.—Hazle venir. (Sale Bardolfo.) Esta clase de Brooks, que derrama semejante licor, es siempre bienvenida. ¡Ah!, ¡ah! Señora Ford, señora Page, ¿no os he atrapado mal, eh? ¡Adelante, adelante, via!