Las alegres comadres de Windsor
Las alegres comadres de Windsor FORD.—Hace mucho tiempo que la amo, y os aseguro que no es poco lo que he gastado por ella. La he seguido con la perseverancia más obstinada: he multiplicado las ocasiones de encontrarme con ella; he promovido hasta las más leves oportunidades de alcanzar siquiera a verla un instante: no solamente he gastado con profusión en obsequiarla, sino que he dado mucho dinero por saber lo que ella querrÃa dar: en una palabra, la he perseguido como me ha perseguido a mà el amor, esto es, tomando al vuelo todas las ocasiones posibles. Pero cualquiera que haya sido mi merecimiento, ya por el afecto, ya por los medios, ninguna recompensa he recibido a no ser que la experiencia sea, como dicen, una joya, y en este caso la he comprado a precio fabuloso. Esto me ha enseñado que:
Amor cual sombra se aleja
de quien sincero le sigue.
Deja a aquél que le persigue,
y persigue a quien le deja.
FALSTAFF.—¿Y nunca habéis obtenido promesa alguna de satisfacción?
FORD.—Nunca.
FALSTAFF.—¿Y no la habéis acosado para ello?
FORD.—Nunca.
FALSTAFF.—¿Pues entonces qué clase de amor era el vuestro?