Las alegres comadres de Windsor
Las alegres comadres de Windsor POCOFONDO.—Y os mantendrá en el rango de una dama.
SLENDER.—Por cierto que sÃ, y con traje de cola larga, como corresponde al rango de escudero.
POCOFONDO.—Y os dará una dote de ciento y cincuenta libras.
ANA.—Buen señor Pocofondo, dejad que él hable por sà mismo.
POCOFONDO.—De buen grado y os doy las gracias. Os agradezco este descanso. Os llama, primo. Me retiro.
ANA.—¿Y bien, señor Slender?
SLENDER.—¿Y bien, señorita Ana?
ANA.—¿Cuál es vuestra voluntad, vuestra disposición?
SLENDER.—¿Mi voluntad? ¿Mi disposición? Éste sà que es chiste. Gracias a Dios, no soy tan enfermizo que haya tenido que hacer mi disposición, ni mi voluntad. No he hecho testamento.
ANA.—Quiero decir, señor Slender, ¿qué es lo que deseáis de mi?
SLENDER.—Por lo que a mà toca, en verdad, poco o nada tendrÃa que hacer con vos. Vuestro padre y mi tÃo lo han hablado entre ellos. Si sale bien, bueno: si no, también. Ellos podrán deciros mejor que yo cómo van estas cosas. Aquà viene vuestro padre; podéis preguntarle.
Entran Page y la Sra. Page