Las alegres comadres de Windsor
Las alegres comadres de Windsor PAGE.—Bien, señor Slender. ¡Ámale, Ana, hija mía!… ¿Qué hacéis aquí, señor Fenton? Sabéis que me inferís agravio empeñándoos en visitar esta casa. Ya os he dicho que he dispuesto de mi hija.
FENTON.—Os suplico no os impacientéis, señor Page.
Sra. PAGE.—Mi buen señor Fenton, no volváis a acercaros a mi hija.
PAGE.—No es un partido para vos.
FENTON.—¿Queréis escucharme, señor?
PAGE.—No, mi buen señor Fenton. Venid, señor Slender: venid adentro, así. Sabiendo mi decisión, señor Fenton, me agraviáis.
FENTON.—Señora Page: amando a vuestra hija con toda la verdad y honradez de mi afecto, fuerza es que sostenga mi pretensión a pesar de todos los obstáculos, repulsas y desaires, y que no desista. Concededme, os suplico, vuestra buena voluntad.
ANA.—Buena madre mía, no me caséis con ese idiota que está allí.
Sra. PAGE.—No es mi intención. Busco mejor esposo para ti.
APRISA.—Y ése es mi amo, el señor doctor.
ANA.—¡Ay de mi! Antes querría que me pusieran pronto bajo de tierra, y sembraran berzas encima.