Mucho ruido y pocas nueces

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FRAILE.— ¡Pardiez!, bien llevado hará que la calumnia se convierta en remordimiento. Esto no es ya poco; mas no es éste el fin que sueño por medio tan extraño; antes espero un gran parto de estos dolores. Muerta ella, como así hay que mantener, en el instante mismo en que se vio acusada, se la sentirá, se la tendrá compasión, y será disculpada por cuantos lo oigan; pues las cosas son así: jamás estimamos en su precio el bien de que gozamos; pero si lo perdemos, entonces es cuando exageramos su valía, cuando apreciamos su mérito, que no estimamos mientras nos perteneció. Tal sucederá con Claudio. Cuando oiga que ella ha muerto víctima de sus palabras, el recuerdo de su vida se deslizará dulcemente en su imaginación, y cada preciado órgano de su existencia se ofrecerá a sus ojos y alcance de su alma revestido de mayor encanto, más delicadamente tangible y animado de vida que cuando alentaba de veras. Entonces le invadirá el sentimiento (si alguna vez asentó el amor en su hígado), y deseará no haberla acusado, no, aunque crea todavía en la verdad de su acusación. Obrad así, y no dudéis que el éxito dará a los acontecimientos un giro mejor aún del que yo me atrevo a proponer. Pero aunque todos nuestros planes resultaran fallidos, la suposición de que la dama ha muerto sofocará el escándalo de su infamia, y si no salen bien, siempre os queda el recurso de tenerla oculta (como convenga mejor a su reputación herida), en una vida reclusa y religiosa, lejos de todas las miradas, de todas las lenguas y de todos los espíritus e injurias.


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