Mucho ruido y pocas nueces
Mucho ruido y pocas nueces Una cárcel.
Entran DOGBERRY, VERGES y el ESCRIBANO, con togas, y la ronda, con CONRADO y BORACHIO.
DOGBERRY.— ¿Están presentes todos los miembros de la «disamblea»?
VERGES.— ¡Oh! Un taburete y un cojÃn para el escribano.
ESCRIBANO.— ¿Cuáles son los malhechores?
DOGBERRY.— ¡Diantre! Yo y mi compañero.
VERGES.— ¡Pues es verdad! Procedamos al expediente de «intuición».
ESCRIBANO.— Pero ¿contra quiénes se instruye la ofensa? ¡Que se pongan delante de maese alguacil!
DOGBERRY.— SÃ, a fe; ponedlos delante de mÃ. ¿Cómo os llamáis, amigo?
BORACHIO.— Borachio.
DOGBERRY.— Tened la bondad de escribir ahà Borachio. ¿Y vos, tunante?
CONRADO.— Soy un caballero, señor, y me llamo Conrado.
DOGBERRY.— Escribid ahÃ: maese caballero Conrado. ¿ServÃs a Dios, maeses?
CONRADO y BORACHIO.— SÃ, señor; asà lo esperamos.
