Mucho ruido y pocas nueces
Mucho ruido y pocas nueces CONRADO.— ¡Atrás, mastuerzo!
DOGBERRY.— ¡Por vida de Dios! ¿Dónde está el escribano? ¡Que escriba que el representante del prÃncipe es un mastuerzo! ¡Vamos, amarradles! ¡Eres un pillo perverso!
CONRADO.— ¡Fuera! ¡Sois un asno! ¡Un asno!
DOGBERRY.— ¿No te infunde «sospecha» mi cargo? ¿No te infunde «sospecha» mi edad? ¡Oh! ¡Que no esté aquà el otro para escribir lo de asno! Pero vosotros, maeses, recordad que soy un asno. Aunque no conste por escrito, no olvidéis, con todo, que soy un asno. No, granuja; estás lleno de «piedad», como se te probará con buenos testigos. Yo soy un mozo despierto; y lo que es más, un funcionario, y lo que es más, un padre de familia, y lo que es más, un bonito pedazo de carne, como no hay otro en Mesina. Y que sabe de leyes, para que te enteres, y mozo bastante rico, para que te percates, y que ha tenido sus pérdidas, y que posee un par de uniformes y otras muchas cosas finas. ¡Lleváoslo! ¡Oh! ¡Que no haya quedado escrito que soy un asno! (Salen.)