Mucho ruido y pocas nueces
Mucho ruido y pocas nueces DOGBERRY.— ¡Calle el pÃcaro, por favor! No me gusta tu facha, te lo aseguro.
ESCRIBANO.— ¿Qué más le oÃsteis decir?
GUARDIA SEGUNDO.— ¡Pardiez!, que habÃa recibido mil ducados de don Juan para acusar falsamente a la señora Hero.
DOGBERRY.— ¡El mayor robo con fractura que jamás se ha cometido!
VERGES.— ¡Por la misa que sÃ! No es otra cosa.
ESCRIBANO.— ¿Qué más, camarada?
GUARDIA PRIMERO.— Y que el conde Claudio tenÃa el propósito, creyendo en sus palabras, de deshonrar a Hero ante toda la asamblea y de no casarse con ella.
DOGBERRY.— ¡Oh villano! ¡Serás condenado por esto a «redención» eterna!
ESCRIBANO.— ¿Qué más?
GUARDIA SEGUNDO.— Eso es todo.
ESCRIBANO.— Y esto es más, señores, de lo que podéis negar. El prÃncipe Juan ha huido secretamente esta mañana. Hero ha sido acusada de esa manera, y de la misma manera repudiada, y ha muerto de pena repentinamente. Maese alguacil, mandad que se ate a estos hombres y se les lleve a casa de Leonato. Yo iré delante y le mostraré el interrogatorio. (Sale.)
DOGBERRY.— ¡Vamos, que se «obstinan»!
VERGES.— ¡Atadles!