Mucho ruido y pocas nueces
Mucho ruido y pocas nueces DOGBERRY.— Escribid ahà que esperan servir a Dios; y poned a Dios primero, pues ¡Dios nos libre de que vaya Dios detrás de semejantes granujas! Maeses, está probado que sois poco menos que hipócritas traidores, y cerca le anda de que lo creamos. ¿Qué contestáis en defensa propia?
CONRADO.— A fe, señor, decimos que no lo somos.
DOGBERRY.— Es un mozo listo este truhán, os lo aseguro; pero yo me las entenderé con él. Venid acá, bellaco; una palabra al oÃdo. Os digo, señor, que se sospecha que sois unos granujas redomados.
BORACHIO.— Señor, os digo que no lo somos.
DOGBERRY.— Bien; retiraos. ¡Vive Dios, que se han puesto de acuerdo! ¿Habéis escrito que no lo son?
ESCRIBANO.— Maese alguacil, ése no es el modo de tomarles declaración. Debéis llamar a la ronda, que es la que ha de acusarles.
DOGBERRY.— A fe que sÃ; es el mejor camino. ¡Que se adelante la ronda! Maeses, en nombre del prÃncipe, os mando que acuséis a estos individuos.
GUARDIA PRIMERO.— Este hombre, señor, dijo que don Juan, el hermano del prÃncipe, era un villano.
DOGBERRY.— Escribid que el prÃncipe Juan es un villano. ¡Eh! ¡Perjurio evidente llamar villano al hermano de un prÃncipe!
BORACHIO.— Maese alguacil...