Mucho ruido y pocas nueces
Mucho ruido y pocas nueces CLAUDIO.— Buenos dÃas, maeses. Cada cual tome su camino.
DON PEDRO.— Vamos, salgamos de aquÃ, y pongámonos otros vestidos, y luego iremos a casa de Leonato.
CLAUDIO.— ¡Y que ahora el himeneo tenga un resultado más feliz que este que nos ha reunido para pagar un tributo de dolor! (Salen.)