Mucho ruido y pocas nueces
Mucho ruido y pocas nueces Aposento en la casa de Leonato.
Entran LEONATO, ANTONIO, BENEDICTO, BEATRIZ, MARGARITA, ÚRSULA, FRAY FRANCISCO y HERO.
FRAILE.— ¿No os dije que era inocente?
LEONATO.— Lo son también el prÃncipe y Claudio, que la acusaron, vÃctimas de un error sobre el cual habéis oÃdo discutir. Pero Margarita tiene su parte de responsabilidad en ello, aunque las cosas ocurrieran contra su voluntad, como se infiere, verdaderamente, del curso de su interrogatorio.
ANTONIO.— Vaya, me alegro de que todo acabe tan bien.
BENEDICTO.— Y yo también, pues, de otro modo, a fe que estaba obligado a pedir cuentas al joven Claudio.
LEONATO.— Está bien. Hija mÃa y vosotras todas, señoritas, retiraos a un aposento, y cuando envÃe a buscaros, venid con antifaces. El prÃncipe y Claudio han prometido visitarme a esta hora. (Salen las damas.) Ya conocéis vuestro papel, hermano. Habéis de hacer de padre de la hija de vuestro hermano, y entregarla al joven Claudio.
ANTONIO.— Representaré mi papel con semblante inmóvil.
BENEDICTO.— Monje, creo que voy a tener que molestaros.
FRAILE.— ¿Para qué, signior?
