Mucho ruido y pocas nueces
Mucho ruido y pocas nueces DON PEDRO.— Pronto te convertirás en un verdadero enamorado, pues ya abrumas al que te oye con un galimatÃas de palabras. Si amas a la hermosa Hero, cortéjala, que yo hablaré con ella y con su padre y la obtendrás. ¿No es éste el final que comenzaste a tejer con tan linda historia?
CLAUDIO.— ¡Cuán dulcemente curáis el amor, comoquiera que conocéis el mal por su fisonomÃa! Sólo para que mi afecto no os pareciera demasiado repentino, quise precaverlo con más largo discurso.
DON PEDRO.— ¿Y ha de ser mucho más ancho el puente que el rÃo? La más bella dádiva es la precisa. AsÃ, lo que a ella tiende es lÃcito. Para abreviar, la amas, y yo voy a prestarte ayuda. Tengo entendido que esta noche habrá baile de máscaras. Yo representaré tu papel bajo cualquier disfraz y diré a la hermosa Hero que soy Claudio. Verteré mi corazón en su pecho y aprisionaré su oÃdo con el brÃo y arrebatado choque de mi relato amoroso. Acto seguido, tendré una explicación con su padre y, por último, será tuya. Pongámoslo en práctica inmediatamente. (Salen.)